Diario de Viaje: Cómo practicar Journaling para reconectar

 

Por : Maria Sepulveda | Publicado: 05 Enero 2026

Empieza tu jornada de journaling en medio de la naturaleza, donde el viaje exterior se encuentra con el interior.
 

Hay momentos en la vida que se sienten como un terremoto. No necesariamente por lo que pasa afuera, sino por lo que se mueve adentro. Después de algo así, una no vuelve a ser la misma. Y también cambia la manera en que viaja.

A mí me pasó que, incluso estando en lugares hermosos, a veces mi mente no estaba ahí. Caminaba por calles nuevas, miraba paisajes increíbles, tomaba un café frente al mar… pero por dentro seguía acomodando piezas. Como si una parte de mí estuviera intentando entender, y otra parte estuviera intentando seguir.

Si estás leyendo esto, probablemente viajas por razones parecidas a las mías (o a las de muchas personas que llegan a Sin Itinerario Viajes): para descansar del ruido diario, para bajarle el volumen a la rutina que nos aprieta, para sumergirte en culturas nuevas y sentirte viva… o simplemente para reconectar con esa parte de ti que se perdió entre pendientes, pantallas y apuros.

El estrés y el tiempo corriendo sin parar nos desconectan de lo que amamos. Y las redes, con sus viajes “perfectos” (editados para likes, ventas o aprobación), a veces nos hacen sentir que el nuestro no es suficiente.

Pero ¿sabes qué? La mayoría de los viajes tienen de todo menos perfección. Hay cansancio. Hay imprevistos. Hay momentos de soledad que duelen. Y también hay chispazos de magia pura: una calle con luz bonita, una conversación corta, un café que te calma, un paisaje que te deja sin palabras.

Con el tiempo descubrí algo simple: escribir se volvió una forma de estar presente. No para “hacer un diario perfecto”. No para cumplir un hábito impecable. Sino para darle al viaje un espacio más íntimo: un lugar donde el viaje no es solo lo que ves, sino lo que te pasa por dentro.

Y ahí es donde el journaling de viaje (o tu diario de viaje) se vuelve algo precioso: no para “documentar” el viaje como si fuera una lista, sino para capturar lo real. Para procesarlo. Para que el viaje sea tuyo de verdad, incluso cuando no se ve perfecto desde afuera.

 
 

Si alguna vez te preguntaste cómo hacer journaling de viaje sin presión, esto es para ti.

Ahora, si te gusta la idea pero te frena lo típico “no sé escribir”, “me da vergüenza”, “no tengo tiempo”, “no traje cuaderno” te quiero decir algo: no necesitas hacerlo de manera ideal.

Yo hago journaling de dos maneras: en papel, en mi cuaderno de viaje, y en el teléfono (mi forma de journaling de viaje en el teléfono), porque es lo que casi siempre tengo más a mano. Y no lo hago para escribir “bonito”. Lo hago para sacar el remolino de cosas que tengo en la cabeza, para vaciar un poco cuando se me llena de ideas, emociones, preguntas y detalles que me persiguen durante el día.

Y aquí viene lo importante: no tienes que ser “buena escribiendo”. No tienes que tener letra bonita. Ni ser constante. Ni escribir páginas largas. Escribir mientras viajas puede ser tan pequeño como una frase, una lista, una foto con una nota, un ticket pegado, una palabra suelta. Puede ser incluso Notes en el teléfono si eso te hace más fácil empezar.

Y hay algo más: Sin Itinerario Viajes también es parte de mi journaling. Este blog nació así: como un lugar donde guardo lo que veo y lo que siento en los lugares que me mueven, y donde escribo con la esperanza de que algún día tú también los veas (a tu ritmo, sin apuro).

Eso sí: mi journaling no es constante. Hay viajes en los que puedo escribir mucho… y hay otros en los que no escribo nada. En esos viajes me dedico a leer algún libro en mi tiempo libre y me refugio en la fotografía. A veces fotografiar cosas que me gustan me provoca sensaciones distintas (y todo depende de lo que esté mirando). Porque a veces no necesito palabras: necesito observar, encuadrar, respirar, y dejar que el lugar me hable de otra forma.

Y si te pasa lo mismo, si tú también funcionas por temporadas, quiero que te quedes con esto: no estás fallando. Estás siendo humana. El bienestar viajero no se trata de hacer más cosas, sino de escucharte mejor.

Porque al final, journaling no es un método universal. Es un medio. Un momento. Una pausa.

Si te cuesta escribir en un cuaderno, empieza por lo más fácil (sí, incluso en tu teléfono)

A muchas personas les cuesta escribir “en serio”. Les da vergüenza, sienten que no saben qué poner, se quedan en blanco. Y está bien. No todos conectamos igual con el papel. Y además, cuando estás de viaje, no siempre tienes tu cuaderno a mano. Por eso vale usar alternativas.

Por ejemplo, a mí me pasa que si no tengo el cuaderno conmigo, uso Notes en el teléfono. Muchas ideas me llegan viajando: en el tren, en el avión, caminando sola por una calle nueva. A veces algo me gatilla una emoción de la nada y, si no lo escribo, se me escapa. Entonces lo dejo ahí: una frase, una nota rápida, una foto. Es como sacarlo de la cabeza y guardarlo en un lugar seguro para volver después, cuando sea necesario.

Opción 1: Journaling en Notes (rápido, real, sin presión)

Esto es lo más sencillo. No necesitas comprar nada extra.

  • Abre Notes (o tu app favorita).

  • Escribe 3 líneas:

    • Hoy vi…

    • Hoy sentí…

    • Hoy me quedo con…

Listo. Eso ya es journaling.

Este formato te ayuda cuando estás cansada o cuando tu mente está dispersa. Porque no te pide una historia completa: te pide una presencia mínima. Y muchas veces, esa presencia mínima es suficiente para que el día no se te escape como agua entre las manos.

Opción 2: Audio-notas (si escribir te cuesta, hablar es más fácil)

Sí, a veces es incómodo escucharte la voz. Pero si quieres dejar ese pensamiento guardado, no es mala idea.

  • Graba una nota de voz de 1 minuto al final del día.

  • Dite a ti misma: “Hoy el momento más lindo fue…” y “Hoy lo que me incomodó fue…”.
    O déjate un mensaje simple: “mañana lo vas a hacer mejor”.

Luego, si quieres, transcribes una frase. Y si no quieres, igual sirve. Lo importante es el acto de registrar y sacarlo del pecho.

Esto funciona especialmente bien cuando estás en movimiento: viajando en bus, caminando y te llega una emoción fuerte, o viviendo algo bonito y no quieres perderlo, pero tampoco quieres sentarte a escribir diez minutos.

Opción 3: Una foto + una frase (o una cita)

A veces, una imagen te salva. Sacas una foto y le agregas una línea. Nada más.

Por ejemplo: ves a una pareja de abuelitos tomando café, y escribes:

  • “Ojalá ser así cuando sea grande, riéndome con mis amigas.”

O te cruzas con una casa con una fachada antigua y anotas:

  • “Esta fachada me recordó la de mi casa. Me dio una calma rara.”

También puede ser algo simple como:

  • “Hoy me sentí liviana.”

  • “Hoy me dolió, pero seguí.”

No necesitas más.

Estas opciones son para cuando estás cansada y no quieres sumarte otra obligación. Porque el punto no es “ser constante”: el punto es volver a ti, aunque sea un minuto.

Imagínate esto: estás en un lugar bonito, hay atardecer, todo el mundo está sacando el teléfono para probar que estuvo ahí. Y tú, en vez de correr a postear, te haces una pregunta simple y la respondes en una nota: “¿Qué aprendí hoy?”
No se ve en redes, pero se siente por dentro. Y eso, para mí, es viajar con calma.

Mini rutina de journaling de viaje (3 minutos, sin perfección)

Si no sabes por dónde empezar, prueba esto por 3 días seguidos (solo 3). Es lo suficientemente corto como para que no te dé pereza, y lo suficientemente potente como para darte claridad.

  1. Escribe una línea: “Hoy mi cuerpo se sintió…”

  2. Escribe otra: “Hoy el lugar me regaló…”

  3. Cierra con: “Mañana quiero hacer algo más lento en…” (una cosa pequeña: caminar, comer, mirar, respirar).

Eso es journaling de viaje en versión real: simple, sostenible, tuyo. Y lo mejor es que si un día no lo haces, no pasa nada. Lo vuelves a hacer cuando te nazca.

Un diario con personalidad: Guarda recuerdos pequeños de ese Viaje (No cosas hechas en masa)

Hay algo que me encanta de los diarios de viaje: cuando están llenos de cosas reales. Ideas pequeñas. Cosas sin pretensión. Cosas tuyas.

Colección de recuerdos de viaje como tickets, postales y mapas para personalizar tu diario

.

No necesitas “scrapbooking perfecto”. Solo necesitas honestidad contigo misma.

Mis recuerdos favoritos no son perfectos: son los que me emocionaron

Yo guardo cosas que no se ven importantes, pero para mí lo son.

De Phuket tengo postales. De Tokio tengo flyers y tickets de lugares que me emocionaron de verdad (de esos que te cambian el ánimo sin avisar). De Cusco guardé entradas… y también monedas, como si fueran una forma de decir: “esto pasó, y me atravesó”.

Y cada vez que pego algo en el cuaderno, el diario deja de ser “un cuaderno”. Se vuelve un lugar vivo. Un archivo íntimo. Una prueba silenciosa de que estuve ahí, pero sobre todo de que sentí algo ahí.

Ideas fáciles para guardar

  • Una boleta de café (con la fecha)

  • Una entrada a un parque o museo

  • Un ticket de bus/tren/ferry que tenga un diseño bonito

  • Un flyer del lugar (como los de Tokio)

  • Un mapa doblado

  • Una postal (como las de Phuket)

  • Un cuaderno que compraste en el lugar

  • Una moneda especial (como las de Cusco)

Y al lado escribe una línea:

  • “Guardo esto porque hoy me sentí…”

  • “Esto me emocionó porque…”

  • “Hoy este lugar me devolvió…”

  • “Lo pegué porque no quiero olvidar…”

Ese pequeño texto convierte el objeto en memoria. Y la memoria en algo tuyo, no solo una foto más en Drive, difícil de encontrar cuando tienes mil cosas guardadas.

Journaling de viaje no es “Contar lo que hiciste”: Es contar lo que te pasó

Muchas personas se frustran porque piensan que un diario de viaje tiene que ser como: Hoy fui a A, luego a B, después comí C”. Y claro, si eso te gusta, funciona.

Pero si lo que buscas es bienestar viajero, esa lista no siempre alcanza.

Yo prefiero otra cosa: escribir lo que me pasó por dentro en medio del viaje. Un momento mínimo, una sensación, una frase que me quedó dando vueltas. Porque muchas veces el viaje no se sostiene por “todo lo que hiciste”, sino por una escena pequeña que te cambió el día: una luz entrando por una ventana, una conversación corta, un silencio que te hizo bien… o algo que estabas mirando y te gatilló una emoción.

En vez de narrar el día completo, prueba escribir:

  • Un momento: “Me gustó cómo se veía esa librería; los colores me calmaron.”

  • Una sensación: “Esa taza de café me llevó al campo y me acercó a mi familia.”

  • Una conversación: “No pedí consejo, pero me llegó igual… y lo necesitaba.”

  • Un detalle: “Una sonrisa me levantó el ánimo.”

A veces un viaje entero se sostiene en una sola escena. Una sombra en una pared. Una esquina con luz. Una frase que escuchaste al pasar. El silencio del lugar donde nadie te conoce. Eso también es viajar. Eso también cuenta.

Errores comunes al hacer journaling de viaje (y cómo evitarlo)

Este bloque es importante porque mucha gente abandona el journaling no por falta de ganas, sino por expectativas irreales (o porque se sienten obligados a hacerlo solo porque está de moda).

  • Creer que tienes que escribir mucho: una sola frase sirve.

  • Convertirlo en tarea: si te da lata, cambia a audio o foto + frase. O tal vez ese día es solo para conectar contigo.

  • Escribir para “que se vea bonito”: tu diario no es una vitrina. Es un lugar seguro. Es para ti.

  • Narrar solo actividades: prueba escribir sensaciones, decisiones, ritmos, silencios.

  • Esperar constancia perfecta: el journaling funciona incluso cuando es intermitente.

Si hay semanas en que no escribes, no significa que “perdiste el hábito”. Significa que estás viviendo el viaje desde otro lugar. Y eso también vale.

Días sin escritura (también son parte del viaje)

Hay días en que no escribo nada. Y eso también es bienestar viajero.

A veces mi forma de “registrar” no es una página: es una foto. Un capítulo de un libro. Un rato mirando sin hacer nada. Un paseo sin música. Un café sin apuro. O conversar con alguien que ni siquiera conozco.

Si estás en una semana así, no te pelees contigo. El viaje también se procesa en silencio. A veces, la mente necesita descanso antes de ponerle palabras a lo que está sintiendo.

Y aquí va algo importante: no todo se transforma en texto. A veces algo se transforma en una imagen que sacas sin pensarlo. En una foto de animales en el campo y, cada vez que la miras, ves algo distinto. En una ventana o una puerta con detalles fascinantes. En un árbol que te pareció hermoso. En gente que estaba haciendo algo y te llamó la atención su vestimenta. Esa es otra forma de journaling: visual, silenciosa, igual de verdadera.

 
 

Lo que el journaling hace por mí (cuando viajo)

Para mí, el journaling no es productividad. Es regulación: bajar emociones e ideas a algo tangible.

Cuando estoy viajando, mi mente puede estar en cualquier parte: en lo que pasó antes, en lo que me preocupa, en lo que todavía no entiendo, en lo que debo resolver. Escribir aunque sea poco me ordena. Me baja el ruido mental. Me devuelve al cuerpo.

Y también me ayuda a algo importante: a no convertir el viaje en una prueba que tengo que aprobar. Porque a veces el estrés se cuela incluso en lugares hermosos. Y ahí el journaling funciona como una forma de decir: “ok, estoy aquí… ¿cómo estoy de verdad?”.

No se trata de escribir para recordar cada detalle. Se trata de escribir para no perderte a ti en medio del viaje.

Prompts Sin Itinerario para escribir sin presión (y volver al centro)

Elige uno. Responde con una frase. Si quieres escribir más, escribe más. Si no, listo. Esto también cuenta.

  1. Lo que realmente me llamó la atención de este lugar fue…
    (una luz, un olor, una esquina, una textura, una forma, una canción sonando a lo lejos)

  2. Hoy este lugar me hizo sentir bonita cuando…
    (no “perfecta”: bonita de verdad. liviana. presente. en paz. como si volvieras a ti)

  3. Si este día fuera una foto, sería…
    ¿qué escena sería? ¿qué encuadre? ¿qué detalle no quiero olvidar?

  4. Hoy me quedo con este micro-momento:
    (uno solo) Un gesto, una mirada, una conversación, una sombra, un color, un café, una sonrisa.

  5. Hoy mi cuerpo me pidió…
    descanso, caminar lento, comer bien, silencio, compañía, sol, sombra, agua.

  6. Hoy me apuré por…
    ¿y qué pasaría si mañana no me apuro por eso?
    ¿Valía el apuro en 5 días, un mes, un año?

  7. Una cosa que vi hoy y que me gustaría que tú vieras algún día:
    (escribe como si se lo contaras a una amiga: simple, cercano, real)

  8. Hoy este lugar me recordó…
    algo de mi vida, de mi familia, de mi pasado, de alguien que extraño, de una versión antigua de mí.

  9. Lo más honesto que puedo escribir hoy es:
    (no lo edites. una línea. sin explicar demasiado)

  10. Hoy viajo mejor si…
    mañana repito esto: caminar sin mapa, sentarme más, mirar el cielo, entrar a una librería, dejar el teléfono un rato.

Preguntas frecuentes sobre journaling de viaje

  • Usa la fórmula “1 minuto”: una foto + frase, o un audio corto antes de dormir. Si puedes, agrega una palabra extra: “hoy me sentí…”. Eso cambia todo.

  • Empieza con: “Hoy vi… / Hoy sentí… / Hoy me quedo con…”. Es simple, te desbloquea y te da un comienzo sin sobrepensarlo.

  • Sí. Si te ayuda a empezar, es válido. Lo importante es registrar para ti, no el formato. Tu teléfono puede ser tu cuaderno de emergencia (y muchas veces es el mejor, porque siempre está contigo).

  • A muchas personas sí, porque ordena el ruido mental y te devuelve al presente. No es magia: es pausa. Y la pausa, cuando viajas, es un lujo necesario.

  • Cuando puedas. Incluso 2–3 veces por semana ya cambia cómo recuerdas y procesas el viaje. Y si un día no escribes, no te castigues: el bienestar viajero no se construye con culpa.

Vuelve a tu centro, un viaje a la vez

El journaling de viaje no es una moda ni una obligación más. Es una forma simple de estar presente cuando el viaje te mueve por dentro… y también de volver a partes tuyas que estaban guardadas (como cuando eras niña y dibujabas o escribías; en mi caso, en un momento hacía cómics).

Si te sirve, prueba con lo mínimo: una nota, una foto con una frase, un audio de un minuto. No lo hagas perfecto. Hazlo tuyo.

Imagina por un momento: ¿y si tu próximo destino no solo te lleva a un nuevo lugar en el mapa, sino a un rincón olvidado de ti misma? Tal vez en esa pausa para escribir encuentres respuestas que no sabías que buscabas… o que ya estaban dentro de ti, esperando silencio. O quizás, simplemente, redescubras el placer de estar presente, sin expectativas.

Los viajes, al fin y al cabo, son espejos: reflejan lo que llevamos dentro. ¿Qué verás tú en el tuyo?

Si algo de esto te resonó, cuéntame en comentarios: ¿eres de cuaderno, de Notes o de audios?
Y si quieres más ideas para viajar con calma, explora nuestra sesión Bienestar Viajero: hay más herramientas esperándote, sin filtros y sin presiones.

¿Quieres seguir leyendo?

Maria Olivia

Soy María Olivia, chilena en Australia y creadora de Sin Itinerario Viajes. Comparto historias reales y guías prácticas (Working Holiday, vida en Australia y viajes con bienestar) para que planifiques mejor, viajes con calma y vivas cada destino con propósito.

Siguiente
Siguiente

Cómo Planificar un viaje sin estrés y disfrutar el camino