Las dos caras de la moneda: Chile y Australia, mi casa
¿Tienes un olor que te devuelve a un lugar sin avisarte?
A mí es la leña quemándose con tierra mojada. Es Colbún, el pueblo donde crecí, en la región del Maule. Si cierro los ojos ahí estoy: en el campo, con mi familia, en una tarde que no tiene apuro por terminar.
Puede que el tuyo sea distinto. Una calle, una comida, una canción. Pero si estás aquí, probablemente también tengas uno y probablemente también te estés preguntando si moverte de tu lugar significa perderlo.
Yo me hice esa pregunta a los 31 años, con una Working Holiday Visa en la mano y mucho más miedo del que le confesé a nadie.
Victoria · Far North Queensland · NSW, 2019
Lo que nadie te cuenta es la parte de en medio. No fue una epifanía. Fue meses viviendo cerca de un lago con vista al bosque en Victoria, aislada en un pueblo de Far North Queensland con un solo supermercado, y después en Nueva Gales del Sur, muchas noches preguntándome si había hecho lo correcto.
Hubo una noche en particular. Estaba agotada de limpiar, con ganas de comer algo que supiera a casa, y me escuché decir en voz alta: "estudié tanto para esto." Esa noche estuve segura de que quería volver a Chile al día siguiente.
No volví. Esa duda fue tan real como cualquier otro momento del viaje, y nadie la pone en las fotos. Pero con el tiempo pasó algo que no esperaba: la misma persona que se había criado entre cerros y silencio en Colbún seguía ahí, viviendo simple al otro lado del mundo. No había perdido nada. Y ese lugar, el que casi me hizo devolverme, se convirtió en mi casa también. Hoy Australia se siente como casa y Chile sigue siendo casa igual. No tuve que elegir. Aprendí a tener las dos caras de la moneda.
Si estás pensando en irte a Australia, a otro país, a otra vida, probablemente ya sospechas lo que yo tardé meses en entender: no te vas para dejar atrás quien eres. Te vas para verlo con más claridad. El lugar cambia. Lo que traes contigo, no.
Por eso este blog no tiene itinerarios. Un itinerario asume que ya sabes lo que vas a sentir en cada lugar. Yo prefiero contarte lo que realmente pasó, la lluvia, la comida que me recordó a mi abuela sin que la buscara, los días sin la foto perfecta que igual valieron la pena para que tú puedas reconocer tu propia versión de eso cuando te toque vivirlo.
Cuando visito un lugar, trato de llegar como alguien que quiere entender, no consumir. Prefiero preguntarle a la dueña de la tienda de barrio que seguir una lista de "imperdibles". Creo que mostrar un destino y respetarlo no son cosas opuestas, de hecho, es la única forma de mostrarlo bien.
Hoy vivo en Perth junto a Trent, mi compañero de aventuras, el que prefiere un buen hotel mientras yo elijo el camino de tierra, y que igual prueba cada plato antes que yo me atreva. Sigo viajando, más despacio que antes. Pero cada lugar nuevo, Japón, Tailandia, Chile otra vez, donde sea, me sigue devolviendo algo de Colbún, y sospecho que a ti te va a pasar lo mismo con tu propio origen.
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