Cómo prepararte para tu viaje a Tokio: guía práctica antes de despegar
La primera vez que pensamos en viajar a Tokio nos dimos cuenta de algo curioso: el viaje empieza mucho antes de subir al avión. Empieza cuando juntas los pasaportes, abres las pestañas del navegador y te preguntas si estás olvidando algo importante. Y en Japón, créeme, siempre hay algo que revisar dos veces.
Sentados en la mesa del comedor uno con pasaporte chileno, el otro con australiano tuvimos esa sensación extraña de estar ya empezando el viaje sin movernos de casa. Lo que parecía un simple “veamos si necesitamos visa” terminó siendo el punto de partida de toda la planificación.
Tokio es un destino increíble, pero también muy particular. No funciona con improvisación pura. Y este blog es justamente sobre esa primera etapa: lo que debes ordenar antes de despegar, cuando aún estás a miles de kilómetros de Japón, pero tu cabeza ya está allá.
1. Verificación de entrada: el “¿y ahora qué hacemos?” inicial
Abrimos dos laptops, y mientras uno buscaba requisitos para el pasaporte chileno, el otro hacía lo mismo con el australiano. Lo que uno esperaba que fuera rápido terminó con varias pestañas abiertas, traducidas y reconfirmadas.
Resultado: ambos podíamos ingresar sin visa, pero con condiciones distintas.
Ese pequeño ejercicio nos recordó que Japón no es un país donde puedas simplemente asumir.
Todo se revisa. Todo se confirma.
Tip real: No te fíes de un solo sitio web.
Contrasta información y, si puedes, revisa la página oficial dos veces: cuando empiezas a planear y justo antes de viajar.
2. El seguro de viaje: la decisión que te da tranquilidad sin que nadie lo note
No recuerdo en qué momento exacto decidimos contratar el seguro. Solo sé que fue después de leer que una simple consulta médica en Japón puede costar lo mismo que una noche de hotel en Sydney.
Una tarde de domingo, café en mano, comparamos coberturas como si estuviéramos eligiendo un plan de teléfono. Y la verdad es que tener un buen seguro cambia tu energía: viajas más relajado, duermes mejor y no tienes esa voz mental diciendo “¿y si…?”.
Un seguro completo para Japón no es lujo: es sentido común.
3. Medicamentos y documentos médicos: el capítulo que nadie te cuenta
Un compañero de trabajo nos dio el dato:
“Japón no permite todos los medicamentos. Ojo con eso.”
Y así terminamos en el médico pidiendo certificados en inglés, imprimiendo recetas y guardando copias digitales. Todo muy organizado, pero también muy nuevo para nosotros.
Fue la primera vez que sentimos que Japón tiene su propio ritmo: ordenado, estricto, limpio. Y para entrar en ese ritmo, hay que prepararse.
Nota personal: Guarda tus recetas en una carpeta en el email. Nunca sobra.
4. El clima de marzo y la maleta que parece simple pero no lo es
Miramos el pronóstico del tiempo casi a diario antes de irnos.
Dos, tres grados de mínima, días soleados intercalados con nubes densas y la advertencia constante de posibles lluvias.
Tokio en marzo es así: un clima que cambia de humor sin pedir permiso.
Frío temprano en la mañana, una tibieza agradable al mediodía y otra vez frío apenas cae la tarde. No es un solo clima… son varios conviviendo el mismo día.
Por eso decidimos armar la maleta como si fuera un pequeño rompecabezas de capas: térmicas ligeras, chaquetas puffer, un gorro para viento inesperado, un paraguas compacto y, sobre todo, zapatillas capaces de sobrevivir jornadas largas. No existe el “outfit perfecto” para Tokio; existe la ropa que te permite adaptarte a lo que la ciudad decida.
Empacar para este viaje fue, en realidad, el primer ejercicio de aceptar que Japón no se controla: se acompaña.
5. Elegir dónde dormir en Tokio (y por qué esta decisión cambia todo)
Una noche estábamos frente al mapa de Tokio y dijimos casi al mismo tiempo:
“Queremos estar en un lugar céntrico, cerca del tren, con restaurantes alrededor… y que sea seguro, ¿cierto?”
Tokio no es simplemente una ciudad: es un universo con su propio ritmo. Y justamente por eso, elegir el barrio adecuado antes de viajar se vuelve casi tan importante como elegir el vuelo.
Buscábamos un punto base que nos permitiera movernos sin prisa, con conexiones claras y la libertad de regresar al hotel a descansar cuando el día se hiciera largo. Queríamos caminar a un café sin necesidad de planificarlo, llegar al metro sin perder media hora y tener un par de opciones para cenar sin necesidad de cruzar media ciudad.
Elegir el alojamiento fue como encontrar un pequeño “hogar temporal” dentro de un país completamente nuevo. Un lugar que, aunque no fuera nuestro, nos hiciera sentir que cada día empezaba y terminaba con un poco de calma.
6. La escala en Singapur: ese pequeño planeta entre vuelos
Aunque ya habíamos estado antes en Singapur, cada escala es distinta, y esta vez solo tendríamos cinco horas. Eso significaba una decisión práctica: quedarnos dentro del aeropuerto… o escaparnos un rato a la ciudad.
Revisamos planos, tiempos entre terminales, si era necesario recoger maletas y qué opciones de comida teníamos durante la espera. Changi no es un aeropuerto cualquiera: es casi un pequeño planeta con su propio ritmo. Jardines interiores, zonas de descanso, tiendas, duchas, instalaciones limpias y espacios pensados para viajeros cansados. Quedarse ahí nunca se siente como “hacer tiempo”.
Pero también evaluamos otra posibilidad:
Si el clima estaba bueno, cielo despejado, nada de lluvia podríamos salir un momento a la ciudad y ver Gardens by the Bay al atardecer. Cinco horas alcanzan justo para eso…
Finalmente decidimos que la lluvia sería nuestro factor decisivo. Si el día amanecía con tormenta, nos quedaríamos explorando el aeropuerto. Si estaba despejado, saldríamos a respirar un poco de aire tropical antes de irnos al frío de marzo en Japón.
7. Conexión desde el minuto cero: la eSIM de Klook
Un compañero me dijo: “Descarga Klook, funciona perfecto en Japón.” Mi hermano la utilizó hace poco y yo la utilicé hace unos días atrás (ni siquiera sabía que había estado en Tokio).
Y tenía razón.
Instalamos la eSIM y la idea era activarla antes de que el avión saliera de Singapur. Así, cuando llegáramos, no íbamos a depender del wifi del aeropuerto, ni de buscar cafés con señal, ni de andar pidiendo contraseñas. Fue, sin exagerar, una de las mejores decisiones de toda la preparación.
8. Dinero: yenes, Wise y 7-Eleven
Decidimos viajar con yenes suficientes para uno o dos días y sacar el resto directamente en Japón. ¿Dónde? Según nuestra investigación, los cajeros de 7-Eleven aceptan Wise sin problemas, así que nos fuimos tranquilos sabiendo que podríamos retirar dinero allá sin complicaciones.
Además, activamos nuestras tarjetas de crédito para viajes internacionales por si surgía alguna emergencia. Siempre avisamos al banco dónde estaremos y por cuánto tiempo, para evitar bloqueos inesperados o alertas de seguridad justo cuando más necesitas pagar algo.
Dejar este punto resuelto antes de viajar nos dio una calma enorme: el dinero, al menos, no sería un problema.
9. Transporte: la Pasmo/Suica que te simplifica la vida
Antes de viajar ya sabíamos que usaríamos el tren desde el aeropuerto y que compraríamos una tarjeta IC. Verlo con anticipación nos ahorró un dolor de cabeza enorme: no tener que descifrar máquinas de tickets con jet lag fue, sinceramente, una victoria anticipada.
La Pasmo o Suica es mucho más que una tarjeta para el metro. Después de ver varios videos en YouTube entendimos que también sirve para comprar en tiendas, máquinas expendedoras y hasta en algunos cafés. Funciona casi como una tarjeta de débito recargable, pero sin trámites y sin complicaciones.
Tenerla desde el primer día nos permitiría movernos sin pensar demasiado en el transporte… y sin perder tiempo haciendo filas por cada trayecto.
10. Las apps que realmente importan
La noche antes del viaje revisamos el teléfono como si estuviéramos armando un kit de supervivencia.
Google Translate para menús, carteles y conversaciones breves.
Google Maps para cruzar estaciones gigantes sin perderse.
Algunos nombres en japonés para encontrar templos menos turísticos.
Nada de aplicaciones de relleno. Solo las útiles. Y funcionó.
11. Preparando la ropa: el arte de viajar ligero y abrigado
Empacar para Tokio no fue una tarea rápida; fue una conversación larga, casi estratégica. No queríamos llenar la maleta de “por si acaso” ni viajar con outfits imposibles de combinar. Queríamos movernos ligeros, sentirnos cómodos y no depender de una maleta que pese más que la emoción del viaje.
Mientras abríamos el clóset, nos preguntamos algo que cambió todo:
“¿Qué necesitamos realmente para disfrutar este viaje?”
La respuesta no fue glamour, ni fotos perfectas, ni looks pensados para Instagram.
La respuesta fue: comodidad y libertad de movimiento.
Decidimos llevar solo lo esencial: ropa práctica, fácil de combinar y que no nos hiciera pensar demasiado cada mañana. Esa sencillez también tenía un propósito más realista: íbamos con una maleta grande por si comprábamos cosas, pero no queríamos subirnos al tren cargando un bloque de 20 kilos desde el primer día.
Además, nos dimos permiso para algo que solemos olvidar cuando viajamos:
si nos faltaba algo, lo compraríamos en Tokio.
Una bufanda, una camiseta térmica, un gorro bonito… lo que fuera. En Japón todo es práctico, lindo y de buena calidad; no había razón para sobrecargar la maleta desde casa.
Empacar así nos dio una libertad enorme: no estábamos preparando un desfile, sino un viaje.
Y un viaje se vive mejor cuando tu ropa no te frena.
Por último: el checklist final antes de despegar
Cuando ya teníamos toda la información organizada y las cosas esenciales sobre la cama, hicimos lo que siempre hacemos antes de un viaje importante: un último checklist. Nada muy sofisticado, solo una lista clara para evitar ese clásico momento en el aeropuerto donde dices “¿Habré olvidado algo?” (que igual pasa, por mucho que uno planifique).
Nos sentamos, respiramos y revisamos punto por punto:
✔ Pasaporte vigente
✔ Seguro de viaje
✔ Recetas y certificados médicos
✔ Yen para los primeros días
✔ Tarjeta Wise activada
✔ eSIM instalada y probada
✔ Power bank cargada
✔ Apps esenciales descargadas
✔ Confirmación del alojamiento
✔ Detalles de la escala en Singapur
✔ Ropa práctica para el clima
✔ Zapatillas cómodas para sobrevivir Tokio
Fue un momento simple, pero muy simbólico.
Cuando terminamos la lista y vimos todo marcado, sentimos una tranquilidad distinta, como si por fin el viaje dejara de ser un plan y se transformara en algo real. Ya no estábamos solo preparando: estábamos listos.
Para terminar: la preparación del viaje también es parte del viaje
Planear Tokio te obliga a observar detalles, a anticiparte y a entender que cada paso tiene su propia lógica. Al mismo tiempo, te prepara emocionalmente para entrar en un país donde todo funciona distinto, más preciso, más ordenado, más silencioso en su manera de acogerte.
La preparación previa no es un trámite:
es tu primer acto de respeto hacia el lugar que estás por conocer.
Cuando tu base está organizada, Tokio te recibe sin fricción, sin estrés, sin ese torbellino de improvisación que a veces arruina los primeros días.
Y es ahí, en esa calma inicial, donde comienza lo realmente inolvidable.
Ahora cuéntanos: ¿cómo preparas tus viajes?
¿Qué es lo que siempre llevas contigo?
¿Qué te ha funcionado mejor?
¿Y en qué momentos prefieres simplemente dejarte llevar?
Tu experiencia puede ayudar a otros viajeros que están a punto de vivir su primera aventura en Japón.
Te leo en los comentarios.